Crucero por el mediterráneo


CRUCERO POR EL MEDITERRÁNEO

NCM

Día 1 – Triste, Venecia: el comienzo de todo

Comenzamos el viaje en el Trieste (Venecia) todavía medio dormidas pero con una ilusión imposible de ocultar. Embarcar no fue solo subir a un crucero, sino dejar atrás rutinas, exámenes y cualquier preocupación que nos acompañó durante el año universitario.

El primer día lo dedicamos a conocer el barco y adaptarnos a nuestra nueva “casa flotante”. Entre fotos, risas y conversaciones sin fin, apareció esa sensación liberadora de saber que, por unos días, no había prisa por llegar a ninguna parte.



Día 2 – Día de navegación

El segundo día fue de mar. Sin ciudades, sin planes, solo nosotras y el horizonte. Fue un día sorprendentemente especial: desayunos largos, conversaciones que iban desde lo más trivial hasta lo más profundo y momentos de silencio cómodo mirando el agua.

Aprovechamos para conocer todos los rincones en profundidad, y decidimos que ya que nos íbamos a tirar  una semana comiendo a base de Buffet y comida de fuera, teníamos que visitar aunque fuese un día solo el gimnasio del barco


Día 3 – Sami, Cefalonia

Siendo completamente sinceros, este destino no lo conocíamos ninguna, es más no nos acordamos muy bien del nombre. Creemos recordar que el puerto se llama Sami. Era un pueblo pequeño, así que cogimos una excursión porque la única actividad que se podía hacer debía ser acompañadas de un local. 

Fuimos a un mirador precioso y a una cata de los vinos locales... El encanto de Grecia se resumía en ese pueblo. Además, el atractivo turístico eran unas cuevas kársticas que dejan ver un lago turquesa maravilloso. Dimos un paseo en barco por aquellas aguas cristalinas y nos quedamos fascinadas porque eso se encontrase bajo las rocas.  

Día 4 – Heraklion, Creta

Entre todas hemos llegado a la conclusión de que lo que más nos gustó de Creta fue la comida. 

Pero empecemos con lo primero; El Palacio de Knossos, que fue principal centro político y ceremonial de la civilización minoica. Destaca por su complejo laberíntico, frescos vibrantes y el mito asociado del Minotauro.

Más tarde buscamos un sitio para comer, ya que teníamos que comer y volver para el barco porque no nos daba tiempo a mucho más; el barco salía a las 16:00. 

Encontramos por casualidad un restaurante vacío del cual nos llamó mucho la atención la carta. Entramos y nos recibieron como en casa, nos explicaron que todo lo que se comía en ese lugar era local. El vino era de un viñedo de la isla, las verduras recolectadas de la zona, incluso la "fantasía de limón"que era realmente limonada con gas, el único refresco que tenían, era casera (elaborada por la madre del dueño, tal y como nos contó).

En resumen, Creta y la comida griega nos enamoró. 

Día 5 – Fira - Oia, Santorini

Santorini fue, sin duda, uno de los días más especiales. Todo parecía sacado de una postal. Caminamos juntas, asombradas, disfrutando cada rincón y cada vista. 

Un día para nunca olvidar, si hubiese sido por nosotras, nos hubiéramos quedado allí 2 semanas más, pero el barco salía muy pronto esta vez sin si quiera dejarnos tiempo para comer en la isla. 

Día 6 – Día de navegación

De vuelta al mar, el ambiente cambió un poco. Seguíamos riendo, pero empezamos a darnos cuenta de que el viaje avanzaba demasiado rápido. Fue un día de descanso, de pensar, de ordenar recuerdos y de disfrutar los últimos momentos sin prisas.

Ese día el mar fue testigo de nuestras reflexiones, de sueños compartidos y de silencios que decían más que cualquier palabra.

Día 7 – Bari, Italia

Bari fue una sorpresa maravillosa. Auténtica, cercana y llena de vida. Nos perdimos por sus calles, probamos comida increíble y nos dejamos llevar por el momento.

Reímos sin parar. Fue uno de esos días en los que todo fluye y nada sale mal. Bari nos recordó lo bonito que es viajar sin expectativas.

Día 8 – Día de navegación

El último día en el barco fue una mezcla de emociones. Había cansancio, pero también gratitud. Pasamos el día en la piscina recordando anécdotas, riéndonos y prometiendo no dejar que el tiempo nos separara.

Sabíamos que el viaje estaba llegando a su fin.

Día 9 – Trieste, Venecia 

Volver a Trieste fue extraño. El lugar era el mismo, pero nosotras no. Bajamos del barco con más recuerdos que ropa limpia y con la certeza de que este viaje nos había unido aún más.

No volvimos iguales. Volvimos con historias que solo nosotras entendemos, con un verano grabado en la piel y con la seguridad de que, pase lo que pase, siempre tendremos este viaje.


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