GALICIA Y ASTURIAS

 

Roadtrip inolvidable: Galicia y Asturias

NCM

Primera parada: El Grove.

Arrancamos temprano, coche cargado hasta arriba y una playlist que nos acompañaría todo el viaje. Nuestro primer destino fue El Grove, en Galicia. Nada más llegar, el olor a marisco y la brisa atlántica nos dieron la bienvenida.

Paseamos junto al puerto, hicimos mil fotos (y descartamos otras mil) y, por supuesto, disfrutamos de una buena mariscada. Entre risas y brindis, empezamos a sentir que este viaje iba a ser especial.

Poio

Al día siguiente pusimos rumbo a Poio. Fue uno de esos lugares que no necesitan demasiado para enamorar: tranquilidad, paisajes verdes y un ritmo mucho más pausado.

Visitamos el monasterio, caminamos sin rumbo fijo y acabamos en un mirador desde el que parecía que el tiempo se detenía. Esa noche, con una botella de vino de por medio y un buen pulpo a feria (como lo llaman allí), llegaron las conversaciones largas, las confesiones y las carcajadas inevitables.

Llegamos a Asturias: Ribadeo y la Playa de las Catedrales

Cruzamos a Asturias con la emoción de seguir descubriendo. Ribadeo fue nuestra base para uno de los momentos más impresionantes del viaje: la visita a la Playa de las Catedrales.

Tuvimos suerte con la marea baja, y eso nos permitió caminar entre sus arcos de piedra gigantes. El paisaje era tan imponente que por un momento nos quedamos en silencio… hasta que alguien decidió poner música y convertirlo en nuestro escenario improvisado.

Cangas de Onís

La siguiente parada fue Cangas de Onís, donde la naturaleza se convierte en protagonista absoluta. El famoso puente, el sonido del río y el aire puro nos hicieron bajar revoluciones.

Improvisamos una pequeña ruta, paramos a hacer fotos (con algún que otro intento fallido) y disfrutamos de una comida que supo a gloria. Fue uno de esos días en los que no hace falta mucho más que buena compañía.

Cudillero: un final de cuento

Para cerrar el viaje, llegamos a Cudillero, probablemente uno de los pueblos más bonitos que habíamos visto. Sus casas de colores, las calles empinadas y las vistas al mar parecían sacadas de una postal.

Nos perdimos entre sus callejuelas, descubrimos rincones escondidos y aprovechamos cada minuto. La última cena juntas fue especial: brindamos por el viaje, por la amistad y por todos los planes que aún nos quedan por hacer.

Más que un viaje

Volvimos con el carrete del móvil lleno, pero sobre todo con la sensación de haber vivido algo único. Porque al final, no son solo los destinos, sino las personas con las que los compartes.

Este roadtrip fue una mezcla perfecta de risas, paisajes espectaculares y momentos que ya forman parte de nuestra historia.

Y lo mejor de todo es que sabemos que no será el último.

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